Imagen: Periódíco Página Siete
La sumisión es una enfermedad contagiosa, que se propaga mientras más crece
el poder de un gobernante. Mientras menos uso del pensamiento propio hay, mayor
grado de sumisión se genera. Kant había reflexionado en gran medida sobre la
capacidad y la libertad para hacer uso de la razón. Él distinguió dos clases:
El uso público de la razón y el uso privado de la misma. También escribió sobre
quienes, por un cargo específico y ocupaciones concernientes al interés de
la comunidad, no les está permitido razonar; sólo obedecer, y entre ellos
ubicaba a los militares.
Lejos de ser una disculpa o una justificación para
obrar obedeciendo los designios más infames o erróneos, esta reflexión nos pone
en cuenta sobre la condición misma de la institución castrense y sobre lo que
de ésta puede aguardarse.
En Bolivia, como en gran parte de Sudamérica, no debe esperarse de los
mandos militares un ápice de dignidad o muestra de completo respeto a la democracia real y a las leyes, mucho
menos a derechos fundamentales (hecho sobre el cual ya me he manifestado en
otro texto: http://www.andrescanseco.blogspot.com/2010/09/botas-maniaticas-y-torturadoras.html).
Resulta vano esperar signos de real cultura que se imparta en las Fuerzas Armadas, el
único campo en que se esmeran es en la historia, lógicamente en una historia
bastante amañada. Simplemente el sonido de unas botas y cómo buscar intimidar
con ellas y con otros métodos habrá de ser la única técnica en la que se
crearán formas de especialización. Obviamente el uso de la crítica y el cuestionamiento está fuera de todo contexto en los cuarteles; es más, los individuos que han pasado por estos lugares quedan adiestrados para la sumisión aun después de haber fenecido su tiempo de instrucción. ¡Qué hay más beneficioso que seres obsecuentes que salgan producidos de las Fuerzas Armadas! Una vez más recurro a Kant: "El oficial dice: ¡no razones, adiéstrate!"
Es normal la existencia de sujetos que tengan fantasías heroicas y de todo
tipo vestidos de camuflado, sin embargo, es una total sandez pensar que todos
los hombres estén predestinados y obligados a cumplir la nefasta labor de prestar
el servicio militar sin poder oponerse. Tamaña torpeza es sólo comparable con aquella de que los
miembros del ejército deben ser tratados con pleitesía y con
abundante admiración de la ciudadanía.
Las mentiras de la defensa
de la patria, de la capacidad de forjar "hombres" en su seno, de la
hazaña de recuperación del mar, de un pasado glorioso y la falacia romántica de
una muerte envuelto en una bandera por la patria, junto con otras patrañas,
sirven para distraer, justificar y cubrir abusos —que llegan a veces hasta muertes de
conscriptos—, asesinatos en represiones, corrupción, misoginia, discriminación
y un cúmulo de atrocidades cometidas por el ejército.
El ataque a la razón en este país llega al punto en que para ocupar un
puesto, o para postularse a una elección, se exige una libreta de servicio
militar, mas no es necesario siquiera haber cumplido con un nivel mínimo de
educación en la escuela. Al parecer, para el estado boliviano, mientras se haya
portado un uniforme y pasado horas escuchando gritos bajo el sol realizando
flexiones, no hace falta siquiera ser bachiller, inclusive si el propósito es
llegar a la Presidencia.
Por estas razones y algunas otras más, escandalizarse porque altos mandos
del ejército participen en actos del Movimiento Al Socialismo descaradamente o porque convenientemente en estos años se autoproclamen
anticolonialistas, antiimperialistas y anticapitalistas, equivale a pensar que
en algún momento fueron dignos de respeto y esperanza... para mí nunca lo fueron.
Medallas y distinciones son ahora cubiertas por ponchos y otras muestras
típicas; de la misma manera que los crímenes de dictaduras se ocultan con un
infame "obedecíamos órdenes". Sacar a relucir un paso marcial cada 23
de marzo y 6 de agosto sirve para distraer a incautos ciudadanos, que éstos miren
militares con admiración, y que no recuerden que esas mismas notas de
marcha acompasaron atentados contra la democracia y delitos por montones.
Ser realista: siempre habrá un "bono" más para el militar que sea partidario del gobierno, siempre habrá un misógino más con medallas, siempre habrá un militar abusivo más, siempre habrá un patriotero recalcitrante más (civil o militar) que glorificará los uniformes; pero eso no quiere decir que tengamos todos que retornar a épocas en que unas botas locas y fusiles viejos se den el lujo de oprimir conciencias y creerse impunes aliándose a gobernantes con vocación autoritaria sin ser cuestionados y merecedores del repudio de quienes no toleramos esas abyectas prácticas.
