El día 8 de
noviembre de 2014 en Santa Cruz de la Sierra, en el marco del I Festival
Internacional de Literatura Santa Cruz de las Letras, se suspendió una
conferencia llamada "Cuba por dentro y por fuera". La escritora a
cargo, denunció presiones del gobierno boliviano para dicha suspensión.
Como liberal
y amante de la literatura, la censura me enfurece. Por eso es que decidí
manifestarme al respecto.
A
continuación comparto la transcripción íntegra dirigida a Homero Carvalho
Oliva, escritor y presidente de la Fundación Cultural del Banco Central de
Bolivia (institución coorganizadora del evento), que además hizo declaraciones
sobre lo sucedido. La carta fue entregada en Centro Cultural Santa Cruz a horas 17:00 del 11 de noviembre.
Santa
Cruz de la Sierra, 11 de noviembre de 2014
Señor:
Homero Carvalho Oliva.-
Presidente de la Fundación Cultural
del Banco Central de Bolivia.-
Presente.-
Referencia: Molestia generada por
censura.
A tiempo de
saludarlo, me dirijo a usted con una mezcla de preocupación y molestia,
emergentes de esa peculiar vocación de no permanecer pasivo ante las
situaciones que en la sociedad ocurren.
Como la literatura, la realidad está llena de
casualidades que la hacen tan singular. Hace un par de días, la humanidad
recordó veinticinco años de la caída del Muro de Berlín, un cuarto de siglo desde
que se auguró la apertura del mundo y el auge de la libertad, al menos como ferviente
deseo.
Esa libertad mencionada, esa misma
que permite componer obras literarias, musicales y artísticas en general sin
miedo a persecución, esa que abre la opción de discutir y confrontar ideas de
manera civilizada, dejando el garrote para usar la mente; esa libertad es la
que advierto que se ha visto dañada el pasado 8 de noviembre del año en curso.
Los medios escritos y redes sociales –la televisión
está ocupada en superficialidades– han hecho eco de la suspensión de la
conferencia Cuba por dentro y por fuera, a cargo de los escritores Wendy Guerra
y William Navarrete, misma que debía celebrarse en el marco del I Festival Literario Santa Cruz de las
Letras. Está claro que actividades de este tipo son dignas de
reconocimiento, mucho más si tienen participación de artistas de varios países.
Lo que considero inapropiado es el hecho de ceder ante la tentación de la
mordaza y el silencio.
En nota publicada por el periódico El Deber en fecha
10 de noviembre de 2014 se refleja una declaración de su persona sobre el
asunto, negando que haya existido censura: “La
conferencia podría haber generado molestias o confusión entre los asistentes,
porque tocaba temas netamente políticos…”. Sin embargo esto contradice lo
expuesto por Wendy Guerra en la misma nota: “La
decisión no le gustó a Guerra, que en una breve declaración a EL DEBER, dijo que, lamentablemente, gente del
Gobierno boliviano había pedido que su conferencia no se efectúe, (las
negrillas son mías) pero no quiso dar más
explicaciones y agregó que ya habrá la oportunidad de contar qué fue lo que
pasó”.
Debe recordarse que la literatura no es únicamente
una exaltación del mundo interno del hombre y de sus emociones, sino también de
su contacto con la realidad abordada desde la visión de cada individuo. Las cuestiones
político-sociales son también parte de esa realidad, negarlas o volcar la
mirada es una negación que roza la irresponsabilidad.
El escritor no solo se moldea en su realidad social
y política sino también irrumpe en ella con valor y con el apoyo de sus
habilidades y recursos. Es imposible imaginar a Voltaire, Russell, Orwell, Camus,
Sartre, Solzhenitsyn, Octavio Paz o Mario Vargas Llosa –entre tantos otros–
renunciando a sus críticas, cuestionamientos y preocupaciones cotidianas
plasmadas en sus obras o en columnas de opinión. En mi concepción, sin libertad plena la creación
literaria está incompleta.
Hay un elemento más que genera
inquietud, pues no olvido que dos de las instituciones que formaron parte de la
organización del festival, la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia y
el Ministerio de Culturas y Turismo, son dependientes del estado; hecho que no
puede ser pasado por alto al momento de evaluar lo sucedido. En sus
declaraciones a El Deber, usted afirma: “Quizás el error fue nuestro, al permitir
que se incluya en el programa esta conferencia”. No, señor Carvalho; el error fue no defender a ultranza la
conferencia de su invitada y compañera
de letras. Si los escritores no dan libertad a los escritores, no esperemos
nada en adelante. Justamente por eso
es que, para desechar cualquier susceptibilidad, la conferencia de Wendy Guerra
y William Navarrete debió llevarse a cabo normalmente; para que la duda de la
censura y la manipulación por parte de simpatizantes confesos del partido de
gobierno –que claramente no permitirían cuestionamientos a la dictadura cubana–y
de otros representantes de la burocracia no se genere.
Desde la Grecia en que Sócrates bebió la cicuta por
pensar diferente, pasando por la Edad Media y La Inquisición que a plan de
dogmas quemaron libros y artistas, por los ensayistas que pensaron en la
Ilustración, por los diarios y boletines clandestinos de la Segunda Guerra
Mundial, por las denuncias de los abusos del comunismo soviético y cubano,
hasta las columnas y blogs del presente; toda la historia de las letras es una batalla
feroz contra el control de lo que incomoda o “genera molestias”, como usted
dice.
Continuando con lo referido a su declaración a la
prensa sobre las molestias o confusión entre los asistentes, mi pregunta es
¿qué de malo tiene aquello? Salvo alguna manifestación degenerada en violencia
llevada al extremo y propia del pugilato, no advierto peligro en la sana
confrontación de ideas y visiones. Para el hombre de letras no deberían existir
verdades oficiales, tampoco cobardía. Y aunque usted afirma la no existencia de
censura, debo recordarle que ésta nunca se admite, siempre hay un pretexto o
justificación que no todos nos creemos inocentemente. Queda claro que la conferencia
(que no surgió de la nada, pues era parte de una programación hecha por los
organizadores) hubiera sido provechosa para el debate. No es sano en una ciudad
como Santa Cruz de la Sierra, que dice proyectarse al mundo, se restrinja
algunos tópicos por la voluntad
enfermiza del poder, cualquiera que éste sea o por muy maquillada que esté la
mordaza.
Se enciende
una alarma en el pensamiento, puesto que este hecho podría ser un precedente
atroz si no es denunciado y analizado como se debe. Como escritor libre, insistiré
hasta la extenuación en que la censura nunca es la respuesta (acto tan abusivo y salvaje como el rebanar la lengua
de alguien, o quizás decapitarlo), pues ésta es
insaciable. Valga la oportunidad para reiterar lo escrito en mi columna de
opinión “Con fuego, martillo y valor”, de fecha 2 de abril de 2014 publicada en
el periódico El Día:“Aun iluminados
versificadores, juglares y paisajistas que se imaginan por encima de mortales
comunes y que comúnmente evaden lidiar –"mancharse", dicen– con la
política y esencialmente con la crítica, se enterarán pronto de que
también les llegará su hora; que no están salvados del abuso y la censura por
cantarle a la luna, al silencio, al amor y a la Amazonia”.
Reiterándole mi preocupación y enojo por el
surgimiento de temas prohibidos en eventos culturales, repudiando con asco la
actitud de cualquier mortal que haya estado detrás de la suspensión de la
mencionada conferencia y vindicando siempre la defensa de la libertad, la
valentía y la vigencia del espíritu crítico, me despido.
Atentamente,
O.
Andrés Canseco Garvizu.
Escritor,
filósofo y hombre libre.
CI
4115252 CH

