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“El pesimismo de Camus no es
derrotista; por el contrario, entraña un llamado a la acción, o, más
precisamente, a la rebeldía”.
-Mario Vargas Llosa-
Cada
cierto tiempo el mundo sacude al hombre; acto seguido, si no alcanza con eso, lo
avienta al vacío y a la tragedia poniéndolo en urgencia de respuestas. Cuando
el individuo se resiste a las salidas fáciles que ofrecen mercaderes de
ilusiones basadas en credos, evangelios, manifiestos, himnos y sangre, la
singularidad y la soledad aparecen como opciones. Nuestras adversidades y
angustias son una forma de vincularnos con el mundo, a veces por voluntad y
otras empujado por las circunstancias. Mientras mayores y más fuertes son
nuestros lazos con aquello a lo que le damos importancia, requieren de nosotros
una apuesta por la acción. El arte, la literatura y el compromiso político no
escapan a esta realidad. El Siglo XX nos ofrece como ejemplo de lo mencionado
la figura de Albert Camus.
Camus,
además de los dolores individuales que cargan muchas personas, como las
necesidades, la pérdida de los seres cercanos, y problemas de salud, asumió
desafíos en el campo intelectual y político que sin duda forjaron su carácter y
su variada obra. En la creación de Albert Camus se abarca la novela, la labor
periodística, los cuentos, el ensayo, crónicas de viaje en una prosa valiosa,
el teatro (en el que además fungió como director y actor) y el trabajo de
periodismo. Hay que mencionar que, en su variedad, la obra del autor nacido en
Mondovi existen temas constantes que no deberían huir de las reflexiones de los
hombres. Menospreciado por algunos círculos filosóficos de su tiempo e incluso
en la contemporaneidad, tal vez por su no rebuscada y no rimbombante forma de
expresar el pensamiento del individuo, o por no armar todo un sistema de
recetas para la vida o para la utopía; la filosofía de Camus se erige como
respuesta y comprensión ante los problemas existenciales, estéticos, políticos
y sociales.
El extranjero
como novela y su complemento en ensayo, El
mito de Sísifo, son libros sin desperdicios para pensar esa vida que busca
un sentido. La compasión, la solidaridad, la desesperación y el dolor tienen en
La Peste, un trazo que nos recuerda
que la convivencia con el prójimo y sus circunstancias también marcan nuestro paso
por el mundo.
Bodas
y El verano, contemplan textos de un
hombre que con el acto de viajar se construye y reconstruye. Visitar o retornar
a sitios especiales poniéndose en contacto con lo profundo también es una forma
de rebelarse ante el mundo; a pesar las imágenes presentes aún de la guerra, la
inocencia asesinada y la tortura aún presentes en el continente. En palabras del
propio Camus: “El incendio se extiende,
Nietzsche ha sido superado. Europa no filosofa a martillazos, sino a cañonazos”.
Justamente ese incendio había llegado a París con la ocupación nazi en 1940 y
generó –como sucede hasta ahora en estas situaciones- la separación entre
quienes asumen posturas colaboracionistas y quienes no se resignan a ser
objetos del poder. Ante esto, Camus eligió comprometerse, resistir y fundar
junto a otros intelectuales el periódico clandestino Combat.
La
rebeldía estética del mundo, esencial contagiosa para el alma, a veces no es
suficiente; esto es algo que Albert Camus comprendió muy bien. Rebeldía, por la
dignidad, por la libertad, por que la Historia no devore al hombre por la
promesa lejana de un mañana feliz, que casi siempre es la mentira de un puñado
de manipuladores. El hombre rebelde es el
feroz y completo ensayo que radiografía y detalla las expresiones de quien no
se resigna a permanecer en condición de vasallo, que decide establecer una
frontera a los atropellos y que denuncia los abusos soviéticos que eran
justificados por otros intelectuales en ese tiempo; Jean Paul Sartre fue uno de
aquellos.
La
polémica Sartre – Camus evidenció el quiebre, el estallido por las ideas y el
silencio cómodo del autor de La náusea frente
a los horrores perpetrados por el bando político comunista que abiertamente eligió
y que –como Octavio Paz escribió- lo puso en ridículo con los años. Paz apuntó
en 1973: “Sartre anda envuelto en una
nube de palabras […] es un filósofo deslenguado. Desde el fin de la guerra
Sartre no deja de emitir opiniones políticas y, nueve veces sobre diez, yerra.
Volviendo
a Camus, el reconocimiento del Nobel de Literatura llegó para él en 1957, «por
su importante producción literaria, que con una seriedad clarividente ilumina
los problemas de la consciencia humana». Tres años
después, falleció en un accidente automovilístico a los cuarenta y seis años,
dejando el borrador de ciento cuarenta y cuatro páginas de su novela autobiográfica,
El primer hombre, sin completar y que
fue recién publicada en 1994.
El
mensaje de Albert Camus repercute con total actualidad y vigencia en nuestro
tiempo: a pesar de lo absurdo de la existencia, un hombre puede actuar
respondiendo al llamado de su conciencia, cuando alguna grieta del infierno (una
expresión exquisita usada por Borges) se abre en nuestra realidad y ésta
empieza a convulsionar; que a la inacción y la resignación se contraponen la búsqueda
de la verdad y la libertad. También nos
deja la enseñanza de que aunque la piedra de Sísifo caiga una vez más, poder
levantar el rostro, el cuerpo y el espíritu para volver al combate de los días
con un motivo es lo que nos consuela y nos llena.
Un
saludo y un brindis por el rebelde nacido en el Siglo XX.
