Una de las grandes idioteces emergentes de estos tiempos es el asunto de tener únicamente códigos QR para los menús de los restaurantes, bares y cafés. Eso estaba bien cuando se pensaba —ingenuamente— que podría haber transmisión por superficies. Ya no va más
Por aparentar ser «cool» o de la nueva onda, las personas se
olvidan de que hay otras personas que no manejan tecnología —por edad o por
carencia— o sencillamente quieren vivir un acto tan terrenal como leer un menú
impreso de aquello que van a consumir, y hasta comentarlo con las personas que
los acompañan.

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